Con cuidado, pero sin miedo Por Guillermo Moreno

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Columna en BAE Negocios. /10/05/2020 Por Lic. Guillermo Moreno, Dr. Claudio Comari y Lic. Sergio Carbonetto.

No cabe duda de que las consecuencias económicas y sociales derivadas de la parálisis inducida de las actividades laborales para la contención de la pandemia de Covid-19, quedarán como secuelas que se prolongarán por mucho más tiempo que el de la extensión de las medidas de aislamiento. A esta altura, queda claro que hasta tanto las condiciones de inmunidad de las poblaciones por vías naturales y/o farmacológicas permitan dejar atrás el distanciamiento social, y cedan además los temores a los contagios, las fuerzas productivas no podrán aspirar a recobrar los niveles previos. La idea de un automático retorno al estadío pre-coronavirus no es entonces más que una ilusión, en la que se corre el riesgo de perder de vista el acelerado proceso de mortalidad de empresas en curso, al igual que los efectos destructivos de las circunstancias presentes (y las condicionalidades del futuro próximo) sobre un mercado de trabajo ya de antemano severamente dañado, que derivarán en niveles de pobrezai aún mayores que los prexistentes. Es más que evidente que las posibilidades de recuperación están, en gran medida, determinadas por la profundidad alcanzada en el desplome de la producción de bienes y servicios, y que éste será mayor cuanto más largo sea el plazo de la interrupción de las tareas. Hemos mencionado con anterioridad que, en la Argentina, cada semana de “cuarentena” está determinando una caída adicional del Producto Interno Bruto anual de alrededor de 0,75 puntos porcentualesii. En lo inmediato, subsiste un espacio de tensión entre la custodia de la salud pública y la protección del entramado productivo, que debidamente reconocido, requiere ser responsablemente administrado desde la intersección de los saberes sanitarios con los económicos, sustituyendo el miedo generalizado por el cuidado estricto. Debemos intentar recobrar la mayor parte de la actividad económica, sin arriesgar en materia de prevención de contagios, bajo el respeto riguroso de procedimientos y protocolos profilácticos. Techo y piso No podemos ignorar que nuestra Patria enfrenta la pandemia de Covid-19 bajo el sino de la irresuelta Supercrisisiii de Cambiemos, contexto que funge como “un techo” que limita severamente los “grados de libertad” y las capacidades de respuesta ante los trastornos concurrentes. A su vez, las medidas de aislamiento social obligatorio arrastraron al conjunto de la economía muy por debajo de su “piso”, lo que no sólo aceleró la crisis de numerosas empresas que padecían serias dificultades, sino que precipitó la de otras. Lamentablemente, algunas de ellas (desde las unipersonales a grandes compañías) tendrán bajas probabilidades de perdurar, especialmente las sujetas a prohibiciones por motivos sanitarios (esparcimiento, espectáculos públicos, etc.) o aquellas que, por ser extremadamente sensibles a los temores y precauciones de la población, una vez habilitadas (diversos servicios personales, por ej.), no podrán sostener a todos los oferentes de su rubro. En consecuencia, resulta una perspectiva cierta, que la desocupación, bien estimada, se inscriba en niveles similares a los registrados a posteriori del estallido de la convertibilidad, por encima del 20% de la Población Económicamente Activa (PEA). La reversión de tan trágico escenario no será posible sin remover los límites impuestos por los desequilibrios macroeconómicos que, lejos de disiparse, se acentuaron durante este inusual período. Las cuentas públicas han agravado su resultado negativo en virtud de las mayores erogaciones en asistencia a personas y empresas y la colateral caída de la recaudación tributaria, en todos los niveles jurisdiccionales, producto del raquitismo de la actividad económica. El Déficit Fiscal Total acumulado en la sumatoria del del Tesoro Nacional, de las jurisdicciones subnacionales y el cuasifiscal del BCRA, supera el 15% del PIB. En cuanto al “rojo” en el devengado del sector externo, ciertamente continúa en niveles insostenibles, aún cuando por la retracción de economía (y por ende en las importaciones) subsista el superávit en el intercambio de bienes con el exterior. Por ello, tal como habíamos previsto, el “bien” más escaso de la economía argentina es hoy el dólar, y así lo expresan la multiplicidad de cotizacionesiv y el acelerado proceso de ampliación de las brechas cambiarias. Pese a la profundización extrema de las restricciones al acceso del público a la adquisición de moneda extranjera, las reservas internacionales continúan descendiendo, alcanzando cotas críticas en las que se equiparan las reservas disponiblesv con las cantidades necesarias para las importaciones del cortísimo plazovi. Cierto es que una resolución favorable en la renegociación de la deuda soberana emitida bajo legislación extranjera podría proporcionar algo de alivio sobre la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos y, circunstancialmente, para las exigidas cuentas públicas. Vale la penar puntualizar que la posibilidad de acuerdo no debiera estar lejana ya que, si bien es cierto que la “quita” propuesta, en términos de Valor Presente Neto (VPN), estaría en un rango entre el 60% y 70% (dependiendo de la tasa de descuento que asuma el mercado una vez realizado el canje), también lo es que si se analiza el ofrecimiento con relación a los flujos futuros de los nuevos bonos (comparándolos con los de los títulos originales nominados en dólares, con un horizonte hasta el año 2047 inclusive), el devengamiento de intereses alcanzaría un monto de U$S20,3 mil millones, mientras que con los previos a canjear sumarían U$S38,5 mil millones. Si, apelando a alguna forma de contribución de los sectores que obtienen rentas extraordinariasvii por ejemplo, pudiera estrecharse parcialmente esta diferencia, un significativo segmento de acreedores lograría calzar sus obligaciones con sus ingresos futuros (fondos de pensión, por ej.), razón por la cual estimamos que las posibilidades de eludir el default continúan vigentes.

Llegado este punto es necesario resaltar que, si bien una respuesta favorable de los tenedores de los bonos sometidos al canje no le permitirá recuperar el crédito externo al Tesoro Nacional, impedirá que se volatilice el crédito comercial que gozan hoy los importadores nacionales. Y así como sería un alivio el acuerdo amigable, también es verdad que para que luego de la eventual reestructuración se acceda a un sendero de deuda sustentable, los recursos para la cancelación de los compromisos deben obtenerse desde cuentas fiscales superavitarias que permitan adquirir las divisas necesarias de cuentas del sector externo que también lo sean. Pasado, presente y futuro Convergen así los desafíos prexistentes, con los de la actualidad y sus secuelas inmediatas, coincidiendo también las condiciones indispensables para levantar el “piso” y el “techo” de la economía nacional. Su superación depende de la resolución de los desequilibrios macroeconómicos y la puesta en marcha de un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), orientado a la producción. Tal proyecto sólo puede erigirse si se ponen en valor los vectores de competitividad de la economía nacional: la energía y algunas de las producciones alimentarias. Sin desconocer que existen los temores y el desaliento frente la inesperada peste mundial y sus efectos, es válido recalcar que podemos superar las inclemencias si nos conducimos con prudencia y conocimiento fundado. Como hemos analizado con anterioridadviii, es posible duplicar el número de personas en actividad, permitiendo el retorno a las labores a, por lo menos, la mitad de la PEA. En tales condiciones y bajo estricta vigilancia y control de cumplimiento de las pautas preventivas, podría comenzar, sin comprometer los objetivos sanitarios, a reanimarse el aparato productivo.

Lograr el pleno empleo y abatir definitivamente la pobreza, no es posible desde el miedo y el individualismo sino desde los cuidados materiales y espirituales en un marco de comunidad. i Seguramente la pobreza alcanzará niveles similares a los de la crisis del 2001, por encima del 30% en el caso de la metodología de medición histórica, y del 44% en el caso de la que estableció el gobierno de Cambiemos (Para la comprensión de las diferencias metodológicas, ver “A confesión de parte”, BAE, 23/12/19.

ii “Panes y peces…como siempre”. BAE, 20/4/20.

iii Definimos como Supercrisis a la situación generada por el anterior gobierno a partir de la convergencia de los desequilibrios macroeconómicos que, en términos fiscales provocaron el colapso del gobierno de Alfonsín, y en el sector externo, el de De la Rúa.

iv La variedad de cotizaciones (oficial, MEP, CCL, blue y exportadores) y su dispersión, complejizan enormemente cualquier evaluación económica, especialmente en el caso de los proyectos de inversión.

v Deducidas de las reservas brutas los encajes de los depósitos del público, depósitos del Tesoro Nacional, más los fondos de Basilea, de los SWAP con la República Popular China, y los previsionados en la Ley de solidaridad.

vi Ante la necesidad de una meticulosa administración de las divisas, hemos presentado propuestas como la declaración de la Emergencia del Sector Externo y la convocatoria a un Consejo de Expertos. (Ver BAE: “Planificar la Oferta”, 6/4/20. “Que planifique un Consejo de expertos”, 13/4/20.

vii “Si la Pampa Húmeda aportara la redundancia de su renta (alrededor del 50% del margen bruto) por un período de tiempo, más la contribución de otros sectores que con suficiencia pueden hacerlo (como ganadería, minería, pesca y otras exportaciones agroindustriales, por ej.), resultaría posible resolver la problemática del endeudamiento sin afectar al conjunto del entramado productivo”. “Quién debe pagar la deuda”. BAE, 10/2/20.

viii “Panes y peces…como siempre”. BAE, 20/4/20.
MM y Asociados

Fuente: BAE Negocios

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David Sebastian Arrighi para San Vicente Virtual

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